SONETO
Esa
mujer que se arroja fría
y lúbrica
en los brazos, y a sus senos.
Me
aprieta, me besa y balbucea
versos,
rezos a Dios, votos obscenos.
Esa
mujer, flor de melancolía
que
ríe de mis pálidos recelos,
la
única entre todas a quien di
caricias
que jamás a otra daría.
Esa
mujer que a cada amor proclama
la
miseria y grandeza de quien ama
y
feliz de mis dientes guarda huella.
¡Un
mundo, esa mujer! Es una yegua
quizás,
pero en el marco de una cama
nunca
mujer alguna fue tan bella.
Vinicius de Moraes - Brasil